La pequeña hormiga era de las más optimistas que había en su colonia.
Era una época fea, mala para los hormigueros de la zona sur del gran parque londinense "Kensington Gardens". La comida escaseaba, y habían levantado tantas edificaciones a su alrededor que continuamente debían rehacer sus hormigueros.
Además existía otro gran problema que traía de cabeza a las hormigas soldado...los humanos.
De todos es sabido que este parque es popular por la cantidad de gente que corre por sus caminos largos, cortos, estrechos y anchos, todos los días.
Pues bien, la hormiga de la que habíamos hablado anteriormente, empezó a notar actitudes raras en las hormigas que fielmente les habían defendido siempre. Tenían miedo.
Y el miedo no era una característica de las hormigas. Del mundo animal.
Ella bien lo sabía. Ese era el tercer hormiguero en el que se hallaba en menos de una semana.
Tras mucho preguntar, logró encontrar la respuesta a tanto alboroto. La asiduidad con la que pasaban los humanos por encima del hormiguero, aplastando así a sus miembros, había echo que las hormigas desarrollaran el miedo.
El caos estaba sembrado. Los soldados no defendían la cavidad del hormiguero, por lo que las hormigas encargadas de recolectar alimentos no salían en busca de comida. Si no había comida, la reina no podía engendrar más larvas. Y así, en cadena, el hormiguero se fue quedando vacío...
Un día, la hormiguita valiente, salió del hormiguero para demostrar que el miedo no existía. Que no valía para nada. Dispuesta a recolectar una miguita de pan que se encontraba a unos metros, corrió al exterior ante las atentas miradas de sus compañeras.
No obstante, a la mitad del camino, notó vibrar el suelo. Los demás insectos se escondieron. Y el aire era cada vez mayor.
Una sombra sobre su cabeza afirmó lo que sospechaba. La iban a pisar.
Y el miedo fue lo último que recorrió su cuerpo...
Esta historia debería acabar bien, ¿verdad? Como lo hacen la mayoría de las fábulas que pueblan nuestra colección en la estantería.
Pero, ¿no es verdad que las historias de desahucios no suelen acabar bien? ¿No es cierto que hay miles de personas en España que pasan el mes con 400 euros? ¿No hay gente en la indigencia, que procede de la clase media?
Y, ¿como acaban estas historias?
Yo lo responderé. No tienen final. Al menos no por ahora.
Ese miedo lo hemos desarrollado a raíz de no saber como acabará la historia. De no saber si el mes próximo se podrá pagar la calefacción o de si nuestros hijos tendrán para comer dentro de un año.
Ese miedo lo hemos palpado en el ambiente de nuestros familiares, vecinos, amigos, conocidos...Pero sólo lo hemos sentido en carne propia, como la hormiga, cuando vemos la suela sobre nuestras cabezas. Cuando tu empresa te comunica que también va a cerrar.
Y es un miedo que no se puede evitar...
¿Pero acaso no es verdad que la hormiga vivió feliz hasta que notó el miedo de la pisada? Las demás morían de hambre, y con un pánico atroz.
Se que es difícil, pero intentemos buscar soluciones positivas. Intentemos encontrar el halo de luz en medio de todo este caos. Porque por el lado de la negatividad y lo sombrío, no llegaremos hasta el final del cuento.
Pdt: Esta es la única (y gran) vía de escape que he decidido utilizar para exteriorizar la indignación y la impotencia que siento. Porque sé que la cosa va a cambiar...Lo sé.

