Paulo Coehlo dice en una de sus muchas frases míticas;
Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto:
a ponerse contento sin motivo,
a estar siempre ocupado con algo
y a saber exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea.
Y es que, efectivamente, en la mente de los niños, especialmente en la de los niños de infantil hay tantas cosas de las que podemos aprender... y cuya información nos está velada. Nos está prohibida. Por que somos adultos.
Como pasaba en el cuento de Peter Pan, necesitaríamos una buena dosis de polvo de hadas para olvidarnos de todos nuestros complicados sentimientos de adultos, de nuestra comprensión de adultos, para que un sólo niño nos dejara adentrarnos en su mente y conocer las maravillas que allí se encierran.
Es uno de mis objetivos con el sueño de ser maestra de infantil. Es más que una vocación. Es mucho más que una "carrera fácil". Es un arduo camino hasta conocer y comprender esas pequeñas cabecitas. Y educarlas como ellas se merecen, cosa a la que sólo llegaremos a través de la comprensión de su forma de ver la vida, de ver el mundo.
Para empezar, una de las cosas por las que me parece fascinante su mundo, es por la fugacidad de sus sentimientos. Es verdad que la tristeza y el enfado les dura poco, a la vez que la felicidad.
No obstante, en su mente de niño/a, parece estar encendido el botón (siempre presionado) de la felicidad.
Un niño te ve, y sin razón apreciable, sonríe.
Un adulto te ve, saluda. Ya está.
Si todo va bien en su desarrollo afectivo, esto debería ser así. También hay niños que constantemente están tristes o enfadados, y en muy raras ocasiones sonríen. El motivo, se lo deberíamos de preguntar al entorno familiar, y, más específicamente, a la madre.
Otra cosa que me llama mucho la atención es (fruto de lo poco que conocemos de ellos, del poco empeño que ponemos en ello y, por último, de tratar de desentrañar sus sentimientos por medio de nuestros propios sentimientos y lógica) cuando creemos que el niño no nos entiende, que no nos oye, que no nos hace caso.
Pongámonos en el caso.
Las 14:00. Punto de vista de la niña
Mamá viene a recogerme. Tengo muchas ganas de verla. Con mis cuatro añitos, me cuesta mucho estar separada de ella, ¡la quiero tanto!.
Pero mamá está rara. Me habla muy rápido y me hace muchas preguntas. Yo le cuento lo que me ha pasado en el cole. Andrea me ha quitado mi muñeca favorita y es tonta. Además se me ha caído el bocadillo en el patio y lo he tenido que tirar. Pero ella me riñe mucho y me cuenta cosas que no entiendo. Yo le estoy contando mi día. MI DÍA. A veces no entiendo a mamá.
Las 14:00. Punto de vista de la mamá.
Tengo que ir a recoger a la niña. Encima llego tarde y todavía tengo que hacer la comida. Susana hoy tiene su día hablador. Le pregunto donde está la bolsita, qué ha pasado con el bocadillo. Y ella se me sube por las ramas. Me pone negra algunos días.
Son dos puntos de vista totalmente diferentes. Para colmo, aún encima, la madre le reñirá a la niña por no escucharla...cuando su hija está haciendo un monólogo e intenta hacer un monólogo colectivo contigo, no una conversación. Todavía puede que no tenga esa capacidad.
Esto me recuerda a un famoso vídeo que está por YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=EC3OmAF7J1U&feature=fvsr), en el que parece que los niños están manteniendo una conversación de lo más distendida. Pues no. Simplemente uno comenzó a hablar. El otro le hizo gracia el sonido de la voz e intentó imitarlo. Cuando vió la reacción en el otro, siguieron haciéndolo. Al hacerlo por turnos, parece una conversación.
Para terminar, me gustaría hacer especial énfasis en la importancia de las emociones en esta etapa. Tienen mucha más importancia de lo que pensamos, sobre todo porque la mayoría de los traumas por los que pasamos los adultos, tienen su origen en esta etapa. Problemas que se pueden solventar con una buena educación emocional.
Esto reporta al niño, intrínsecamente, confianza en sí mismo, fortaleza, y fortalece las relaciones con la madre y con su entorno. Y extrínsecamente, sanas relaciones con sus iguales y la posibilidad de, cuando su maduración y desarrollo se lo permitan, la realización de juicios no confusos y claros para con el mundo.
Es decir, a la hora de estar frente a un niño, de la edad que sea. Les reto a mirarlo durante un rato. Observarlo. Las reacción que tiene frente a su mundo son sorprendentes.
Nos ayudará a simplificar mucho más las cosas.
Otra cosa que me llama mucho la atención es (fruto de lo poco que conocemos de ellos, del poco empeño que ponemos en ello y, por último, de tratar de desentrañar sus sentimientos por medio de nuestros propios sentimientos y lógica) cuando creemos que el niño no nos entiende, que no nos oye, que no nos hace caso.
Pongámonos en el caso.
Las 14:00. Punto de vista de la niña
Mamá viene a recogerme. Tengo muchas ganas de verla. Con mis cuatro añitos, me cuesta mucho estar separada de ella, ¡la quiero tanto!.
Pero mamá está rara. Me habla muy rápido y me hace muchas preguntas. Yo le cuento lo que me ha pasado en el cole. Andrea me ha quitado mi muñeca favorita y es tonta. Además se me ha caído el bocadillo en el patio y lo he tenido que tirar. Pero ella me riñe mucho y me cuenta cosas que no entiendo. Yo le estoy contando mi día. MI DÍA. A veces no entiendo a mamá.
Las 14:00. Punto de vista de la mamá.
Tengo que ir a recoger a la niña. Encima llego tarde y todavía tengo que hacer la comida. Susana hoy tiene su día hablador. Le pregunto donde está la bolsita, qué ha pasado con el bocadillo. Y ella se me sube por las ramas. Me pone negra algunos días.
Son dos puntos de vista totalmente diferentes. Para colmo, aún encima, la madre le reñirá a la niña por no escucharla...cuando su hija está haciendo un monólogo e intenta hacer un monólogo colectivo contigo, no una conversación. Todavía puede que no tenga esa capacidad.
Esto me recuerda a un famoso vídeo que está por YouTube (http://www.youtube.com/watch?v=EC3OmAF7J1U&feature=fvsr), en el que parece que los niños están manteniendo una conversación de lo más distendida. Pues no. Simplemente uno comenzó a hablar. El otro le hizo gracia el sonido de la voz e intentó imitarlo. Cuando vió la reacción en el otro, siguieron haciéndolo. Al hacerlo por turnos, parece una conversación.
Para terminar, me gustaría hacer especial énfasis en la importancia de las emociones en esta etapa. Tienen mucha más importancia de lo que pensamos, sobre todo porque la mayoría de los traumas por los que pasamos los adultos, tienen su origen en esta etapa. Problemas que se pueden solventar con una buena educación emocional.
Esto reporta al niño, intrínsecamente, confianza en sí mismo, fortaleza, y fortalece las relaciones con la madre y con su entorno. Y extrínsecamente, sanas relaciones con sus iguales y la posibilidad de, cuando su maduración y desarrollo se lo permitan, la realización de juicios no confusos y claros para con el mundo.
Es decir, a la hora de estar frente a un niño, de la edad que sea. Les reto a mirarlo durante un rato. Observarlo. Las reacción que tiene frente a su mundo son sorprendentes.
Nos ayudará a simplificar mucho más las cosas.
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| No son más tontos. No son menos inteligentes. Sino más creativos e imaginativos. |


