
Un uniforme gris claro inunda hoy el cielo de la capital...
Las hojas de la palmera que tengo frente mía, parecen querer tocar ese triste gris y,
como si de una inyección se tratase, inundar de un verde oscuro el cielo.
Pero sabe que no puede...
Por mucho que lo intente, no podrá. No importa lo triste que se ponga..
...no importa las piñas amargas que produzca...
...no importa las hojas marrones que arroje al suelo en un ataque de locura...
...ni tampoco lo logrará aunque corte sus raíces y amenace con morir,
si la savia elaborada no recorre sus clorofíricas hojas puntiagudas...
puntiagudas y frustradas.
Tan sólo le queda mirarlo y anhelarlo, anhelarlo y admirarlo, admirarlo y respetarlo, respetarlo y respetarse, respetarse...
RESPETARSE...
...respetarse y estar alegre,
respetarse y producir piñas lo más dulces posibles,
respetarse y no tirar hojas al suelo en un ataque de locura, sino lucir bellas hojas verde oscuro y puntiagudas...esbeltas.
Respetarse y no amenazar con cortarse las raíces. Dejar que los mejores de los nutrientes existentes (inexplicablemente), bajo una capa de polvo y cemento grisáceo (hay demasiado gris en la ciudad, definitivamente), llegue hasta todos los rincones de su magnífica estructura. Y sobre todo..
RESPETARSE
...y aceptar su condición de palmera (excepcional y preciosa).
Palmera en el centro de Madrid.
Un dia lluvioso de abril.
Un día gris.
Un día triste...
...pero una palmera felíz.
Un dia lluvioso de abril.
Un día gris.
Un día triste...
...pero una palmera felíz.
(Ha llegado a la conclusión de que no le hace falta ser la única palmera
en teñir el cielo con su verdor para ser única...
sino que lo es ya de por sí, ¡por ser de las pocas palmeras en el centro de Madrid!)
en teñir el cielo con su verdor para ser única...
sino que lo es ya de por sí, ¡por ser de las pocas palmeras en el centro de Madrid!)

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