
Era sólo una sala.
Una gran sala.
No obstante, en su interior contenía tal cantidad de vida que nos sería imposible describirla con palabras.
Cuatro paredes bancas, con sus respectivas líneas azules y rosas.
Pilares, ventanas, lámparas...Toda una obra arquitectónica de principios del siglo XXI...
Una sala, en principio, totalmente deshumanizada y humanizada a la vez, por pequeños renacuajos de unas horas de vida.
Distinta a todas las demás.
Seres inocentes, sin personalidad destacada.
Unos más llorones, otros menos.
Unos con más pelo, otros con calvaso totalmente calvos.
Los más con un hambre atroz. Unos pocos que no abren el pico.
Una enfermera pasa por una ventana de cristales enorme, situada en una de esas paredes blancas y rosas.
Observa a los pequeños y decide no pasar. Todo está en calma. No hay nada que hacer allí dentro hasta las 3 y media, hora en la que más de uno despertará de su vigilia y comenzará a llorar desconsoladamente. ¿Todo para qué?
Para recibir un pequeño biberón, con una pequeña y engañadora tetina, y que la leche caliente calme su insaciable hambre.
La misma enfermera que repasa con la mirada cuna por cuna, piensa melancólica...
"¿Qué será de cada uno de ellos? ¿Bomberos? ¿Anestesistas? ¿Drogadictos? ¿Enfermeras? ¿Escayolistas? ¿Políticos? ¿Alcohólicos?".
Cada uno en sus respectivas cunitas. Tranquilos. Durmiendo.
No son conscientes del dolor que se les vendrá encima. De la humillación. De los momentos difíciles...
Tan pequeños con su inocente cabecita...
¿Quién no querría ser como ellos?"

1 comentarios:
MU-Y-BI-EN jeje tengo ganas de ver cómo sigue... :)
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